7 nov. 2013

¿Y esta sensación?

¡HOLA! Ya seguro que os habíais olvidado de mí. Pero no os preocupéis, yo os entiendo. A veces se me olvidan muchas cosas, tiendo a cuidar las relaciones poco, así soy yo, pero no es por que quiera cuidarlas poco sino porque NO PARO. Quiero estar en todos lados, los compromisos se me amontonan, el amor se me amontona, las actividades se me amontonan, la universidad se me amontona y el teatro se me amontona.

¿Pero no es esto vivir?

¿No es llenarte de experiencias y que estas te devuelvan satisfacciones y sonrisas?
¿No es caerte y cometer errores para luego levantarte y aprender de ellos y a veces volver a cometerlos?
¿No es ir corriendo a todos lados y sentir el viento en la cara y disfrutar de ello?
¿No es poder tener experiencias que contar a todo el mundo?
¿No es conocer a miles de personas y que esas miles de personas te cuenten su vida y sus inquietudes?

A mí me encanta vivir, me encanta mi vida. Soy feliz. Tengo todo lo que necesito, de verdad.

Amigos, amor, una familia que me quiere y me apoya en todo, hago lo que me gusta, disfruto de lo que me gusta...

A veces creo que todo pende de un hilo, me entra esa inseguridad que siempre me ha entrado de: ¿y si todo se desmorona, cae al suelo y se parte en mil pedazos? Creo que me sumiría en un profundo, oscuro e interminable pozo. Por eso intento disfrutar de cada una de las sensaciones que me acompañan durante el camino.

Últimamente, aparte de que me acompaña una personita muy especial durante el camino, estoy volviendo a disfrutar de la sensación que me da lo que más me gusta hacer en este mundo: el teatro.

Es cierto que es un mundo muy difícil, que requiere mucha dedicación, que genera malas (y buenas) vibraciones con otras personas, en el que a veces te cuesta encontrarte, etc. Pero señoras y señores, la sensación que genera el subirte a un escenario, es inexplicable, es personal e intransferible como las tarjetas, es una obra de arte (valga la redundancia).

Yo siempre he contado una de las primeras veces que me subí a un escenario. Salir de la línea de móviles que me apuntaban, quedar fuera del umbral de los focos y ver a tantísima gente mirándome, expectante, esperando a que soltara mi frase, puede que una de las pocas de aquella función. Eso fue único, mágico, maravilloso. No lo olvido y jamás lo olvidaré. Durante todos estos años he generado una serie de recuerdos y situaciones que me han hecho ser el "actorcillo" que soy hoy. Me siento orgulloso de mi trabajo aunque me queden miles de kilómetros que recorrer.

Y una vez más, durante esta semana, han vuelto los nervios pre función. Han vuelto los cuidados de mi voz que esta vez han llegado hasta límites insospechados, creo que nunca he sido tan cauteloso. Tener el papel que tengo no me da vértigo, no me supone una carga, mi papel al fin y al cabo, también lo construyen el resto de personas que me rodean y que juegan conmigo a interpretar. Yo mismo construyo el resto de papeles que me rodean, desde el primero hasta el último. Yo ya he hecho mi trabajo, nosotros ya hemos hecho nuestro trabajo, ya tenemos las ideas claras, sólo queda mostrarlo a familia y amigos.

No quiero que esta semana acabe, de verdad que no. Quiero repetir el viernes y el sábado hasta la saciedad, hasta que mi voz se rompa o mi cuerpo caiga de cansancio. Quiero aguantar el éxtasis de salir del umbral de los focos que me apuntan todo lo que pueda. Quiero sentir los aplausos del público en mi cuerpo. Quiero disfrutar con mis compañeros porque a este punto hemos llegado sufriendo y riendo juntos. Quiero olvidar los malos rollos y las malas vibraciones. Quiero jugar a interpretar. Y quiero que todos seáis parte de ello.

¿Y esta sensación?

Esta sensación... se llama vida.




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