7 feb. 2012

La palabra


…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció. Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Que buen idioma el mío, que buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.
Pablo Neruda

Las palabras pueden doler, pueden gustar, pueden dar placer o pueden hacernos sufrir. Medirlas, día a día, no estaría mal. Lo que está mal es soltar todo lo que se nos viene a la cabeza. Debemos ser comedidos y no asertivos. Este error por desgracia lo cometemos todos, nadie se salva. Hay palabras que duelen. Pero más duele la verdad. Claro, que contra esta nada se puede hacer. Tan solo afrontarla y saber que mañana será un día mejor. Afrontarla y no perder la esperanza de que todo se va a solucionar, de que todo para bien o para mal, tiene una solución. Pero hasta que esa solución llegue... solo nos queda la verdad... ah claro, y la palabra.




He salido a la calle abrazado a la tristeza:
vi lo que no mira nadie y me dio vergüenza y pena.


Soledad que te pegas a mi alma
en la dulce soledad de este campo de otoño.


No hay momentos de sosiego.
Rebeldía pura de amores sin amores.
Ilusiones puras y puros conformismos
intentando levantar el espíritu nostálgico
de querer estar contigo y nunca estarlo.


Los llantos desconsolados que estrangulan las gargantas;
los ancianos encorvados: parece que la tierra les llama.


Volverás de vez en cuando a estas tierras agrietadas
y verás de nuevo a quien te ama borracho;
borracho de amores y libertades.
Y también de vinos por olvidarte. Borracho...


Me da pena que se admire el valor en la batalla;
menos mal que con los rifles no se matan las palabras.


Y si surgen saludos y palabras
tal vez notes la dureza de mi estilo
queriendo no herirte en nada,
y en mi soledad sólo herirme yo mismo.


La justicia está arrestada por orden de la avaricia;
el dinero que te salva es el mismo que te asesina.


Y verás sin duda el resurgir poderoso del guerrero
sin miedo a leyes ni a nostalgias
y lo verás caer una y mil veces y levantarse de nuevo,
con la pura bandera de su raza.


Soledad de amores triste y pura,
soledad de amores y locura.


No me des más esperanzas: sé que todo son mentiras;
sacos llenos de agujeros para guardar alegrías.


Y verás sin duda el resurgir poderoso del guerrero
sin miedo a leyes ni a nostalgias
y lo verás caer una y mil veces y levantarse de nuevo,
con la pura bandera de su raza.


Me da pena que se admire el valor en la batalla;
menos mal que con los rifles no se matan las palabras.


Soledad de amores triste y pura,
soledad de amores y locura. 

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