21 jul. 2012

Tripulábamos barcos

Me he agachado bajo el agua de la ducha. He sentido cómo se enfriaba sobre mi nuca. Ahí me he dado cuenta de que he tocado fondo, de que he mordido el polvo y de que me he convertido en carne de cañón. De que soy la mayor mierda jamás contada. Me siento un gilipollas y no sé porqué. Ganas de nada. Nostalgia profunda y miles de millones de imágenes que no cesan. Imágenes bonitas e imágenes divertidas. Algunas amargas, pero que servían de trampolín para una felicidad mayor. Son cosas que pasan.

He hablado y he conocido gente. No me llena. Estoy perdido, o en su defecto, no me encuentro. Tengo el desquicie natural de toda persona humana. Esa sensación de que el tiempo nunca va a pasar y de que esas palabras jamás llegarán. Ese anhelado momento en el que todo lo gris se hace color. Y todo dolor desaparece. Cada vez más dudas que nunca resolveré y que el tiempo no me dirá.

No aprendo.
No quiero aprender.
Porque si es la vez que mejor lo he hecho...
¿qué otra cosa puedo hacer?

¡Chúpate esa verso libre! ¡Y sin haberlo preparado!

Me siento sin ciudad. Todo me ahoga, me agobia y me puede. No quiero y no me apetece. Negativo.


Que pase el tiempo ya, por favor, que pase el tiempo.

Aunque tú no lo sepas...



Aunque tú no lo sepas 
me he inventado tu nombre, 
me drogué con promesas 
y he dormido en los coches. 
Aunque tú no lo entiendas 
nunca escribo el remite en el sobre,
por no dejar mis huellas. 

Aunque tú no lo sepas 
me he acostado a tu espalda 
y mi cama se queja 
fría cuando te marchas. 
He blindado mi puerta 
y al llegar la mañana 
no me di ni cuenta 
de que ya nunca estabas. 

Aunque tú no lo sepas 
nos decíamos tanto, 
con las manos tan llenas, 
cada día más flacos. 
Inventamos mareas, 
tripulábamos barcos 
y encendía con besos 
el mar de tus labios.

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