3 abr. 2011

...y entonces un torrente de lágrimas

Un nudo en la garganta me hizo pararme, estremecerme, comenzar a ponerme nervioso y no saber qué pasaba. No entendía aquel momento, lo que oí, lo que estaba procesando mi cerebro. Me hacía ilusiones o me inventaba situaciones que quizás no se volverían a dar. Pensaba en lo peor, en lo nefasto. Un segundo de silencio, dos, tres... imágenes en mi cabeza, las peores existentes desde mi punto de vista.

Nada alrededor, como un vasto y ancho desierto oscuro. Ahora la cabeza, en su interior comencé a escuchar el latido de mi corazón y además dolía, dolía mucho. Parecía que me iba a explotar, no sabía qué hacer si gritar o ponerme a correr. Entonces llegó la paranoia, me encontraba como en un viaje astral. Mi alma se proyectaba fuera de mi cuerpo. Me veía a mí mismo, sentado en la silla, delante del ordenador. Parado, estremecido, nervioso y sin saber qué demonios pasaba...

...y entonces un torrente de lágrimas.

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